Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Ansiedad

Ese vacío que chupa el alma,
la adicción bonita,
la casta puta.

Es nuestro vicio del plural,
de los antiguos sinsabores,
de cadenas carnales.

Sirve un abrazo como hechizo,
como duda última y maltrecha,
un hoy eterno.

Lluvia sobre mentes secas,
charcos en los laberintos,
rodeos que transitar.

Sin culpa no hay mundo,
sino hambruna para la cerrazón,
sigilosa en su grito cegador.

La tuya, las mías, las de todos.
Ese peso, sin más contrapeso
que una dieta de amor.

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Tierra fría

Soy dos bolsos colgados junto a la ventana, un pendiente suelto sobre la mesilla, la mitad de una foto, un mapamundi con chinchetas, cajas llenas a la espera de algún día estar vacías. Soy una capa de polvo sobre los muebles, el olor de unas sábanas, el desorden tras las puertas. Soy una serpiente a punto de mudar. Esta tierra ya se enfrió.

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Sin permiso

Miré al cielo
para comerme la luz
que llovía sin permiso.

Desnuda de ecos
por fin, abrí mi alma
a una verdad cualquiera.

La nube mentía,
poderosa en su reino,
de corazón a pez pájaro.

Solo esta vez,
no me niegues la foto,
el momento sublime y leve.

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Buscando la sonrisa

Llevo días buscando la sonrisa.
Entre las sábanas restos de sexo fresco,
las tragedias urbanas sobre la brisa mojada.

Desclavo de la pared mis pupilas,
cuelgo mi futuro justo ahí, ardiendo,
para que ningún ladrón ose jamás llevárselo.

Camino abajo y arriba y
el rumbo es mi sabia, tosca indecisión.
Nadie sigue a una loca que sabe donde va.

Entre adoquines, flores marchitas,
con polen seco estornudaré ahoras
que serán pasado en cuanto gire y me pierda.

El espejo vocea: «¡Ven, deprisa!
Encontré la sonrisa, tu risa, tu vida.
Asómate. Abre tu mano, acepta el regalo.»

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