Todo rebosa

Rebosa.
Todo rebosa.

Rebosan las ganas.
El encuentro de la piel
para los no creyentes.
De las almas.

Rebosa todo.
Y dentro deposita la nada
el vacío glorioso
de la unión y el sinsentido.

Rebosa pues
lo ya creado y lo por crear.
Me quedo con esa nada,
con lo que nos separa acaso.

Rebosa el aire,
respiro y vuelo.
Aprieto los ojos y abro las manos.
Reboso por los poros.

Me rebosa.
¿Será esto felicidad o su fin?

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Con las ganas intactas de matar

Llegaba a su casa cada día
con las ganas intactas de matar.
Todo lo que había sobrevivido
era rabia, bilis, su veneno fiel.

Las sonrisas nacidas al alba
se habían ahogado en el primer café.
Sin rechistar, sin patalear,
morían sin llegar a resonar.

Las buenas intenciones, una a una,
eran pisoteadas camino al trabajo.
Todos, a su paso, como él,
evitaban mirar lo que destruían.

Mañana haré algo, se dijo.
Miraré a los ojos a quien me ignore.
Viajaré de su pupila a su alma
hasta toparme con su frío.

Y le entregaré estas ganas de matar
para que las congele su indiferencia.
Quedaré libre de pecado, sin la culpa,
por fin, de haber matado mi felicidad.

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Labios como almohadas

Que un homenaje nunca fue tan sentido, ni unas ganas tan derrochadas. No se puede negar.

Que ya no hay sombras porque somos todo luz. Que estamos dentro del túnel y ahí nos mojamos.

Que el dolor es guardián de estas cuatro esquinas y nos lame las heridas con fauces abiertas y ojos cegados.

Que somos bellos cuando nos escondemos sobre las nubes. Y qué rápido nos quiere buscar la tierra.

Que es todo tan lento y los besos tan veloces.

Que el sueño nos vela las manos cruzadas y la arritmia de todo lo que palpita.

Que los nombres nos suavizan los huesos y nos liman los recuerdos furtivos.

Que te quedas dentro aunque abra la ventana de par en par. Que me respiras los techos del alma.

Que no es nuevo. Que es añejo este amor. Que llega cansado de vagar los siglos y los océanos.

Que quiero dormir y tus labios son mi almohada.

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