Pintando margaritas de blanco

La tinta de este amor no se ha secado aún,
y ya andamos dibujando sonrisas en otras almas.

Son ríos de luz los que separan tu orilla de la mía.
Hay un techo de cuervos velando nuestros recuerdos.

Es un imán sin reloj, un tiempo hundido en la arena,
y vamos perdidos, sin rumbo, pintando margaritas de blanco.

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La piedra en el cielo

Vagan mis ojos lentos
al paso de las hojas.
Hojas de un fiel blanco,
paraíso de poetas.

El cielo doma la tarde,
la estira, masca, doblega.
La noche espera su turno
sobre las margaritas desnuda.

Me quiere, no me quiere,
la vida en un pétalo.
Una masacre alba sin sentido,
un pasatiempo en los labios.

El trabajo, las horas de hoy,
se vuelven agua en el erial.
Fino equilibrio de sudor y solaz
para el alma que siembra su paz.

La nueva hoja despliega su ala,
reza, implora a la nube que caiga
con toda su fuerza y estruendo,
que la acaricie y no se distraiga.

Una lágrima cae y horada la tierra,
se calma el deseo, el río descansa.
Allá en el cielo la piedra ensancha,
colmada con nuestros tropiezos.

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Alborada

Duerme la aurora acurrucada en mi almohada
Me inunda con sus rayos, me ve desmejorada
Llora lágrimas lentas, suaves, esperando la alborada
La beso, me mojo, un sonrojo en mi tez helada

Sigue mi camino de sueños, toda alborotada
Una niña visionaria, una rayuela atolondrada
¿Y si pudiera llevarla conmigo?
Toda la fe que detesto es la que me sirve de abrigo

Ni el Bien ni el Mal me perdonaron no ser sus amigos
La soledad, la gravedad, son siempre mi destino
Días sin luz, noches encendidas iluminan mi castillo
Allá mis vísceras, mis despojos, cuelgan de tu pico

Damisela de rizos, desciende de la noche cabalgadura
Suelta las riendas de la bestia, los hilos de seda, las ataduras
Asómate al espejo de otros ojos, al abismo de las conjeturas
Solo ahí, sobre un manto de margaritas, serás pura

El beso que el pétalo le roba al rocío, excelsa caricia desnuda
Destroza los parámetros volubles, es alquimia que cura
Un alma, dos almas, un millón de almas, lo que abarca el mundo
En su ir y venir entre galaxias perdidas, en su viaje iracundo

¿A dónde vas, muchacha, con las pupilas siempre en lo profundo?
Tu vida se puede quebrar en el espasmo de un segundo
Así que elige un tono de verde con el que tapizar la sombra del muro
Resguardo de tu lecho mortal, huerto de todos los poemas tuyos

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