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Se me olvida que todos tenemos un nombre,
no solo piel y arrugas, no solo voz.
Se me olvida que lo que nos define
son letras pronunciadas en alto.

Me llamo Adolfo,
es nombre de actor,
¿lo sabías?

Se me olvida que rara vez dejamos de actuar,
frente al espejo, frente al amor.
Se me olvida que incluso las nubes
son paisaje portátil de alquiler.

Me llamo Montaña,
es nombre de desafío,
¿te atreves?

Se me olvida que la carne está hecha de roca,
con grietas de sangre y aire puro.
Se me olvida que late el polvo
en las entrañas blancas del hueso.

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Estrella invitada

Se dejó romper en millones de pedazos.
En polvo minúsculo, brillante y travieso.
Cayó, subió, y volvió a sumirse en las tinieblas.

Este viaje se gestó desde las sombras.
Desde el útero de los humedales del alma.
Empezó con un sí y se perderá en el infinito.

Un silencio como respiración de galaxias.
De los ojos que se vierten en tibias manos de leche.
Era noche cerrada cuando abandonó su vida a la deriva.

La estrella suspiró todos los halos dorados.
Soy el pasado que nunca alcanzaste, me dijo.
Y su estela escribió un garabato inocente en mi pecho.

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Luna descarada

Luna descarada
tras el edificio.
Se asoma despacio
al abandono, a la nada.

Engañada va
tras el niño
para encontrar
el escondite de las hojas.

Un beso anhela
de su amor frío.
Un roce sombrío,
torsión de dos cuerpos en vilo.

Ríe juguetona
de charco en charco.
Trucos de magia
sueña sobre la brisa del río.

Ya se despierta,
ojos hacia el infinito.
Surca océanos,
siembra estelas de polvo azul.

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Levedad

Mira esa estrella
qué cerca está.

Mira mis ojos
qué perdidos se encuentran.

Duele en lo profundo
lo leves que somos.

Polvo de universo
listo para barrer.

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