¿A dónde?

¿A dónde te diriges?
¿No ves que no me ves?
El barniz donde se reflejan tus demonios
solo sabe de vidas pasadas no vividas.

¿A dónde me llevas?
¿Al aire que mece la nube?
Desde tu prisión de amaneceres eternos
llega el grito de una luna virgen nueva.

¿A dónde?
¿Hasta la muerte?
La quietud que te desabrocha el alma
se relame en los latidos de tu postrer corazón.

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Nunca duermo sola

Nunca duermo sola.
Estás tú, que no estás.
Está la distancia que nos abraza.
Se quedó el último suspiro de tus ojos.
Escucharé por siempre tu silencio azul sobre mi almohada.

Estás tú en mí.
Te respiro en el horizonte.
Nunca sueño sola.

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De sombras

Amo las sombras.
Amo la forma de las sombras.
Amo la sombra de lo que ya no está.
Amo la sombra que aún no nace.

Amo la sombra cuando te sueño.
Amo tu roce sobre mi sombra.

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Vida diamante

No necesitaré ruedas
para alejarme del miedo.
No necesitaré alas
para cubrir estos anhelos.
Ya están mayorcitos,
y el abismo con su ceguera les mostrará el camino.

El hilo que nos unía
perdió uno de sus cabos.
La vida diamante
volverá a su meteorito.
Lo tenso no sabe morir,
ni los vivos sabremos nunca arrancarnos el corazón.

De todos los insultos
recordaré los que callaste.
Así todos los besos
hallarán su espejo deformador.
Cóncavos y convexos, los sexos beberán gasolina hasta saciarse.

Nota mental: mojemos todas las cerillas.

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Montaña y mar

De esas caricias sin roce,
dame mil.

Déjame despeinar,
el orden de tus rizos de sal.

Desde lo sagrado de tus honduras,
perdóname.

Me atrevo
a besarte en la locura de tu tempestad.

Somos hermanos antiguos del cosmos,
montaña y mar.

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