Esta no es una historia, este es un río que no tiene cauce. Una nube de vapor que se posa igual sobre una flor que sobre un perro. Esta es una gota informe. Es un aliento mortal y primigenio. Es la resaca de una vida por desahuciar. Es el durante que encierra un gemido. Un alarido húmedo de entrañas esparcidas sobre el lecho, listas para ser destino y lectura y comida para almas carroñeras. Este es un sudor licuado de piel.
Categoría: Prosa lírica
De ayer a mañana
Nos gusta hablar en pasado porque el presente nos parece inabarcable. Da tanto miedo mirarle a los ojos. Preferimos regar con lágrimas historias pasadas. Hacemos crecer brotes tan fuertes como puentes a la otra orilla del futuro. El hoy queda abajo, intocable. Un espejo sucio en el que arrojar monedas de fortuna y deseo. Cruces y caras sin luz.
Silencio
La casa se construyó alrededor de un patio. El patio no existió hasta que se elevaron los muros a su alrededor. El cuerpo quiso abrazar esos muros y nombrarlos hogar. Las paredes gemían cuando el viento quería invadir su espacio secreto. La ausencia lloraba sobre la fuente del patio cuando cesaba la lluvia. La orquesta tocaba frente a la puerta y acentuaba los anillos en la madera.
¿Dónde vives, silencio? ¿Dónde naces? ¿Dónde mueres?
En cada casa, en cada patio, en cada muro.
Amor dice
Amor dice que echa de menos estar dentro de mí.
Amor sueña con verse reflejado en mi sonrisa.
Amor quiere volver a tocar a través de mis manos.
Amor anhela saberse imprescindible.
Amor, ya no me uses más. Yo jamás te dejé olvidado en el cajón de los calcetines. No me reproches, no me grites, no me hables, no me susurres al oído. Busca otro cuerpo, otra mirada hecha túnel, otra luz al final de otro amor. Pierde el tiempo en otro laberinto. Derriba otro muro virgen. Sigue la estela de cualquier lágrima. Déjame sola, vacía, informe. Suéltame tal y como me encontraste.
La libreta
Más de veinte años. Y la mierda sigue flotando.
Más agua, muchas lágrimas después, y las letras que no se ahogan.
Un bolsillo interior de un abrigo pasado de moda. Un doble fondo de raso.
El silencio se había quedado en su garganta a vivir.
Nombres de mujer. Dolorosos de pronunciar en cualquier otra boca. Números. Fechas. Lugares.
El esqueleto de un diario amoroso.
Un antifaz triunfal hecho confetis en la papelera.
Una cerilla, un fuego que jugó a desordenar nombres y a emparejarlos en placeres inimaginables.
El descubrimiento fue la imposibilidad de no cambiar el curso de la memoria.
El fuego fue el cómplice. Y la alquimia lo transportó con su alma.
Ya no habrá más dolor, solo el que la imaginación permita.
Ojos cerrados por amor.
