Sin hilos

Te veo a lo lejos, tejiendo una imagen de mí.
Estirando y aflojando el hilo de luz de ese ovillo que es cada día que vivimos juntos. Creando una red transparente que une nuestras bocas en un beso infinito.
Me retas a un duelo de despertares.
Haces el día más extenso y la noche te extraña el abrazo.
Eres uno y te quiero porque no podía ser de otra manera. Sigo tu rastro de cometa en el cielo. Te espero en la próxima nube. No hay hilos que te sostengan. No hay cielo que nos soporte.

Share Button

Medianoche

Es medianoche y me despierto. Ya no estás. Fuiste un sueño corto, profundo, mas leve cual filo de guadaña.

Es medianoche y ya da igual. Las estrellas brillan más naranjas que nunca. Se escapa una lágrima de su redil.

Es medianoche y vuelvo a la vida. Se ha deshecho el conjuro. Hay que sacar brillo de nuevo a la bola de cristal.

Es medianoche y escribo. Y ya no es medianoche. Es mañana sin amanecer. Es un día sin caricias. Saco un beso del cajón.

Es medianoche en cualquier lugar. Cierro los ojos y tú los abres. Es tu turno. Es tu noche. Era mi medianoche.

Share Button

Labios como almohadas

Que un homenaje nunca fue tan sentido, ni unas ganas tan derrochadas. No se puede negar.

Que ya no hay sombras porque somos todo luz. Que estamos dentro del túnel y ahí nos mojamos.

Que el dolor es guardián de estas cuatro esquinas y nos lame las heridas con fauces abiertas y ojos cegados.

Que somos bellos cuando nos escondemos sobre las nubes. Y qué rápido nos quiere buscar la tierra.

Que es todo tan lento y los besos tan veloces.

Que el sueño nos vela las manos cruzadas y la arritmia de todo lo que palpita.

Que los nombres nos suavizan los huesos y nos liman los recuerdos furtivos.

Que te quedas dentro aunque abra la ventana de par en par. Que me respiras los techos del alma.

Que no es nuevo. Que es añejo este amor. Que llega cansado de vagar los siglos y los océanos.

Que quiero dormir y tus labios son mi almohada.

Share Button

Palabras

Redondas y comprimidas como miga de pan entre mis yemas.

Oscuras y acuosas como tus pupilas al mirarme.

Tiernas y simples como beso al aire.

Livianas como caricia de duermevela.

Profundas como voz quebrada.

Atentas como alarma.

Dichas. Recibidas. Devoradas.

En mí. En ti. En nosotros.

Share Button

Dedicado

Cuando viste de negro ella es toda pupila. La luz se arremolina en torno a sus brazos, masajea su cabeza y la pinta de siete colores cambiantes y conocidos.

Ella guarda sus manos en los bolsillos del pantalón. Sus membranas de paz se perderían entre la multitud.

Duerme con el reflejo del sol en la mesilla de noche. Gira el arco y la flecha apunta directa a las pesadillas que están por nacer.

Ella conoce el veneno que apacigua los ojos. Habla entre pausas de diafragmas antiguos.

Tiene el alma vieja de sufrimientos refractarios y destila un dulce irisado invisible a ojos mortales.

Los rayos luminosos de algún Dios intentan opacar su libertad, pero ella es el iris que nada ve pero todo colorea de amor.

Ella fue dolor permeable. Ahora juguetea con la posibilidad de ser pensamiento sin memoria en las alturas indefensas de nubes y mares.

Mírate, no busques más. Ella está ahí contigo sobre la fría piel irisada del espejo.

Share Button