Soy dos bolsos colgados junto a la ventana, un pendiente suelto sobre la mesilla, la mitad de una foto, un mapamundi con chinchetas, cajas llenas a la espera de algún día estar vacías. Soy una capa de polvo sobre los muebles, el olor de unas sábanas, el desorden tras las puertas. Soy una serpiente a punto de mudar. Esta tierra ya se enfrió.
Categoría: Relatos cortos
Al dente
Hay un calor que derrite las venas,
un amor caliente que nos enreda.
Somos tú y yo.
Al dente.
Luz naranja
Ayer vi pasar una sombra naranja
Conjunto de moléculas de otro tiempo
Otro lugar poco común, visible solo a ojos cerrados
Me despertó con su vuelo fugaz
En huida silenciosa, dedos fríos de ardor
Tarareaba una canción disuelta en lágrimas
Hoy la busqué con melancolía
Y la encontré en tus ojos de fuego
Creando tormentas de iris en paisajes de agua
Anestesia global
En estos días revoltosos, juguetones, nos dejamos llevar por la inercia, pero nunca ganamos.
Las trampas están hechas para el que se arriesga a triunfar, no para el justo y ecuánime.
Nos hemos vuelto preciosistas de las imágenes desenfocadas. La claridad nos abruma. Nuestra candidez nos arrulla.
Sabemos dónde está la herida, dónde la sal, dónde el alcohol, dónde la gasa pero, ¿quién dará el primer paso?
No hay cura para la vileza de la ignorancia. Solo dolor y miradas al interior.
Dios nos espera en el fondo del precipicio. ¿Te lanzarás tú el primero?
Esta lucha contra todo es demasiado grande. Rompámonos. Dividámonos. Amemos el dolor hasta anularlo.
Vivamos anestesiados como hasta ahora o despertemos. Muy pronto o muy lejos, pero alertas.
Segundo piso
Era un rellano muy transitado. Ocho ojos, cuatro puertas. Ella bajaba su soledad a pasear. Él subía a tender sus retales de alma al sol.
La rutina que descendía por los peldaños esperaba paciente en el zaguán a que alguien le abriera la puerta para escapar calle abajo.
Ella miraba sus pasos acompasados. Él clavaba la mirada ansiosa en el techo. Se olisqueaban sin querer al cruzarse en el rellano.
«¿Me enciendes la luz de la escalera cuando se apague, por favor? Llevo las manos llenas de tanto pesar».
«Claro», dijo ella. «Espera que suelto el mío».
Y se miraron por primera vez. En el segundo piso.
