La mirada de Onetti

Dejá de mirar que te miro.
Dejá de susurrar, ventrílocuo feroz.

Las calles presienten tu vuelo,
un tornado de letras al viento.

Ya no te miro más, ta.
Te dejo con tu desnudez de brisa leve.

Así aún, ¿me permitís secar tus ojos?
Dejame llevar tu bruma en mi pañuelo.

Share Button

La octava vida

Me quedé ahí plantada,
con los ojos cerrados
respirando abandono.

Con dos pasos invisibles
recorrí su historia,
me ahogué en su pena.

Escalones al olvido,
diecisiete paredes,
esqueleto del suspiro.

Un gato dulce sin alma
es ahora su dueño.
Lar de su octava vida.

Cae la mañana húmeda,
recuerda horas tibias,
el postrer giro de llave.

A la ciudad de Porto

Share Button

Nube azul

Cielo arriba,
y ahí estoy yo:
boca con alas,
lengua de pájaro.

El sol mira mi
torpe aleteo.
Cabeza gacha,
oración en tierra.

No hay sombra
cruzando mi vuelo.
Nunca tan alto
llegará la nube.

Share Button

Me declaro Eva

Me declaro Eva,
culpable de mi herencia,
poco más que un cliché velado.

En busca del cielo
abro los ojos de noche,
alas heridas en pleno vuelo.

Viaja la poesía
veloz cual enamorado,
a su paso jirones de tierra.

Deseo de amnesia,
historia en blanco de mí.
No más lágrimas sin comandante.

Share Button

Calcetines

Me dijo que ya no sentía el camino,
que la piedra blanda
guiaba sus torpes pasos
a través de gentes ciegas.

Cruzó países desoyendo las fronteras,
que ignorantes y crueles
le preguntaban cuál era
el color de su alma y de su piel.

Ahora descansa en lo angosto de la vía,
junto al ganado y la zanja.
Su brújula, una línea imaginaria,
su pasaporte, una Biblia vacía de fe.

Share Button