Paisaje carnal

Una foto es una inundación.
Esa, en concreto, expiación.
Grises los tonos, los perfiles,
Procesión de almas sin rumbo,
Paisaje de carne.
Una vuelta a lo por repetir,
Un regreso a los pocos miedos.
A la altivez de la felicidad,
Al embrión de dos manos en flor.

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Esta ciudad

Esta ciudad me duele en cada poro,
en cada mirada perdida, en cada beso furtivo.

Esta ciudad me quema los pasos,
la figura de esqueleto bajo mi floreado vestido.

Esta ciudad recuerda sus campos,
su anillo de compromiso verde, su no destino.

Esta ciudad se esconde en el humo,
tras el maquillaje de las aceras y cuchicheos del vino.

Esta ciuda me alimenta el Eros,
engorda mis contradicciones, me convierte en niño.

Esta ciudad juega con mis miedos,
parpadeo en su luz infinita, lloro su río.

Esta ciudad se tragará sus escudos,
su visión de neonato, su saludo de gato frío.

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El quejido

Tiembla el mundo, alguien se levanta.
Sueña el hombre, todo seguirá igual.

Repta por los edificios un quejido ronco,
Desafía las leyes, las trampas, la gravedad,
Escupe sobre las farolas una lluvia fina de pesar.
Enemigo de las envidias, triste por edad,
Se sabe solo, ignoto, amargo, muy loco.

Pide una mano, o una sombra de cuerdo.
Espera un destello, o el final de su voz.

Asolea sus puños, siempre puestos en alto,
Desgarra las sábanas, rendiciones al viento,
Camina sobre tejas, antenas, tras los vicios de la ciudad.
Los que amó cuando niño, desnudo y lento
Devenir de ocasos y libros por escribir.

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Soy

Soy viento despeinado,
Azote de los campos de trigo.
Soy hija de la dehesa,
Amarillo sin fin en día de verano.
Soy afluente sin cauce,
Reguero de lágrimas y risa clara.
Soy trino agudo de mujer,
Canto dormido sobre tierra mojada.
Soy de un país antiguo,
Colonia de lenguas de Babel en ruinas.
Soy una cigüeña sin nido,
Latido sordo de campanarios y torres.
Soy una montaña alada,
Aleteo de mariposas devorando buitres.
Soy piel de alcornocal,
Muda de serpiente bendecida por la piedra.
Soy lo que alcanza la vista,
Letras para quererme más cuando cae la noche.

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Caracola de ciudad

Soy una caracola de ciudad sobre un tejado efímero. Dispuesta a todos los que desean escapar de la urbe. Nacarada al tacto, mis arrugas son imperceptibles muescas del paso del tiempo entre mano y mano. Un desahogo gigante, una oreja descomunal, sirviente callada, una geisha occidental.

Quien me tiene bien aferrada se moja el pensamiento en mi mar interior, un lago salado con oleaje de salvación. Quien me apoya sobre su almohada navega en sueños al escuchar mi crepitar de burbujas.

Aquí dentro el silencio es utopía, el agua nunca descansa. En mi forma de caracola soy inmortal.

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