Delicada mente

Imagino tus manos
grandes y suaves
como madera recién pulida.

Los nudos en tu alma
desatan bajas pasiones,
pájaros anidan en tus melodías.

Una escalera de hiedra
me eleva hasta tu nube,
un cobertizo de sol y estrellas.

Tu voz húmeda de lodo
se aferra a la tierra,
salvaje caballo blanco doblegado.

A Nick Drake

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La piedra en el cielo

Vagan mis ojos lentos
al paso de las hojas.
Hojas de un fiel blanco,
paraíso de poetas.

El cielo doma la tarde,
la estira, masca, doblega.
La noche espera su turno
sobre las margaritas desnuda.

Me quiere, no me quiere,
la vida en un pétalo.
Una masacre alba sin sentido,
un pasatiempo en los labios.

El trabajo, las horas de hoy,
se vuelven agua en el erial.
Fino equilibrio de sudor y solaz
para el alma que siembra su paz.

La nueva hoja despliega su ala,
reza, implora a la nube que caiga
con toda su fuerza y estruendo,
que la acaricie y no se distraiga.

Una lágrima cae y horada la tierra,
se calma el deseo, el río descansa.
Allá en el cielo la piedra ensancha,
colmada con nuestros tropiezos.

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El mapa del corazón

Necesitarás un mapa
para moverte en mi corazón.
Las calles son infinitas
y hay pocas avenidas.

El tráfico es caótico
a cualquier hora del día.
No hay semáforos, pero sí
infinidad de ceda al paso.

Pero si logras superar
el laberinto de hormigón,
encontrarás una loma verde
desde la que respirar.

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Bailén, 12

Silencioso,
altivo y señorial,
dominaba todos sus vecinos
con raíces antiguas borrachas de sol.

Cada día
a la virgencita
le pedía los chismes del barrio.
Ella, cual paloma, alzaba el vuelo.

Bendecía
el verde siestero
y los flashes de turistas sin fe
que rasgaban la superficie del alma.

Enterradas,
las fiestas del dolor
resurgían cada cumpleaños
de aquellos que no quisieron querer más.

Chicos, chicas,
nubes en el vidrio,
flores, pasos sobre el viaducto,
alas suspendidas de esperanzas.

Está solo,
bastión del recuerdo,
de la memoria de las lápidas
que se formaron en mitad del salto.

Le vi salir,
transparente y gris.
Llevaba el abrigo a juego
con el edificio que dejaba atrás.

Vagabundo
en su propia casa,
recogía migas de sonrisas,
retazos de vida azul que masticar.

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Bailar el alma

Hay algo sagrado
que nunca conocerás,
o quién sabe,
la vida te llevará
al borde del ojo
y de ahí saltarás.

Dejas poco en lo dado,
absorbes la calma
y te vas, ciego,
al encuentro del mar,
al ombligo del otro,
al espejo del mal.

Atas la intimidad
en promesas de paz,
quieres aprender
de los maestros en celo,
guardando los nudos
en tu alma mortal.

Yo amo el amor,
siento la nube al respirar,
la brisa fresca del respeto,
los dedos nuevos del rosal
que apartan las espinas
de tu suave caminar.

No llores en vano,
no profanes el altar
que mueve el mundo,
el que hace bailar el alma
entre pájaros de agua,
sin miedo al salto final.

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