Alborada

Duerme la aurora acurrucada en mi almohada
Me inunda con sus rayos, me ve desmejorada
Llora lágrimas lentas, suaves, esperando la alborada
La beso, me mojo, un sonrojo en mi tez helada

Sigue mi camino de sueños, toda alborotada
Una niña visionaria, una rayuela atolondrada
¿Y si pudiera llevarla conmigo?
Toda la fe que detesto es la que me sirve de abrigo

Ni el Bien ni el Mal me perdonaron no ser sus amigos
La soledad, la gravedad, son siempre mi destino
Días sin luz, noches encendidas iluminan mi castillo
Allá mis vísceras, mis despojos, cuelgan de tu pico

Damisela de rizos, desciende de la noche cabalgadura
Suelta las riendas de la bestia, los hilos de seda, las ataduras
Asómate al espejo de otros ojos, al abismo de las conjeturas
Solo ahí, sobre un manto de margaritas, serás pura

El beso que el pétalo le roba al rocío, excelsa caricia desnuda
Destroza los parámetros volubles, es alquimia que cura
Un alma, dos almas, un millón de almas, lo que abarca el mundo
En su ir y venir entre galaxias perdidas, en su viaje iracundo

¿A dónde vas, muchacha, con las pupilas siempre en lo profundo?
Tu vida se puede quebrar en el espasmo de un segundo
Así que elige un tono de verde con el que tapizar la sombra del muro
Resguardo de tu lecho mortal, huerto de todos los poemas tuyos

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Fortalezas

Algún día te contaré sobre la fortaleza que se deshizo en su propio foso.
De los esposos que murieron sofocados en su bello torreón de marfil.
De todo ese dolor que queda en nada, en brisa leve de playa sin mar.

Te contaré todas las veces que sangraron mi alma las agujas del tiempo.
De todos los hombres buenos que tiraron monedas al fondo de mi fuente.
De los deseos cumplidos, de las promesas reencarnadas en caricias.

Muy pronto verás en mi pecho la forma de todas las nubes que toqué.
De las delicadas subidas y bajadas del aliento de todos los amantes.
De la vida dichosa, de la luz que se perderá en una dedicatoria no escrita.

Y un día dejaremos en el bronce de las Parcas nuestra ofrenda de besos.
De los suplicados, los dados, los robados, de los paisajes sin lugar.
De toda la humedad de unos labios entreabiertos, a punto de morir.

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Horas cortas

Las horas cortas contigo
duran el pestañeo de un alma,
drogadas de sol y ternura
se deslizan por mis medias de red.

Ay, el brillo de unos ojos
ilumina la casa, y sus ratones
buscan otro hogar, más sombrío,
más húmedo, menos aireado.

Ya se cuela el primer rayo,
ya se abraza la luz con la noche que escapa
a otro continente,
a ser paño de lágrimas de estrellas bebé,
las sedientas de leche,
las hambrientas de tiempo.

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Debilidad

Duda de un amor que no esté preñado de dudas
Duda de ti si no eres un cobarde
Limpia la cama de malos sueños
Abrígala con tu sangre y con tu cuerpo

El alma es fuerte, el cuerpo es débil
Así debería ser, mas nadie es fuerte
Ni siquiera la longitud de un abrazo

¿Por qué no eres más clara con la vida?
Porque le contesto en su lengua de neblina
Y combatimos fríos nuevos con fuegos antiguos

No voy a parar de juntar letras
Hasta que trepen al cielo y su aleteo
Seque cada una de mis lágrimas
Fin de mis días, hábito de mis noches

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Caras

Caras que miran caras que miran un muro

Caras en un espejo de baño sin marcas de rouge

Caras planas, caras conectadas a una fuente de luz

Caras que abandonaron mil veces la dieta del amor

Somos caras baratas, desechables, sustituibles

Caras nómadas, vagabundas entre el alma y el cuerpo

Caras sedientas de rostros que las definan

Somos caras y es lo único que nos queda en pie

Caras en mutación, caras en crisis de identidad

Caras sin reconocer, como hijos sin destino

Caras torpes que se volvieron bosque de ciudad

Caras, dobles máscaras

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