Escribo sobre ti
Tras tu piel
Dentro de tu olor
Fuera de mi cabeza
Esbozo un leve sí
Día de miel
Nube de candor
Reinos de pureza
Llegas hasta mí
Solo un pie
Cargado de dolor
Ecos de naturaleza
Escribo sobre ti
Tras tu piel
Dentro de tu olor
Fuera de mi cabeza
Esbozo un leve sí
Día de miel
Nube de candor
Reinos de pureza
Llegas hasta mí
Solo un pie
Cargado de dolor
Ecos de naturaleza
Él juraba y perjuraba que se hallaba presente.
Que una gruesa y blanca capa de piel cubría su carne.
Yo solo veía muros, castillos de sábanas ondeantes y dolor, mucho dolor.
Demasiado dolor. Más del que podía contener su risa abierta.
Tócame, hazme presente, dijo.
Desenreda estas hojas de angustia de mis rizos, susurró.
Que no te ciegue la indiferencia, suplicó.
Dije que no con mi cabeza mientras le sonreía.
Y le canté la nana que cada madre nos regala al nacer.
Gustaba de nombrarse las cicatrices, arroparlas con letras, murmullos y música de caos. Recorrían sus yemas las orillas del dolor. Humectaba la soledad de cada día en un sobre de rutina. Disponía las voces de su cabeza en fila india frente al espejo. Enviaba a la guerra del sexo su maltrecho corazón. Sobrevivía a los estertores de amistades mortecinas. Limpiaba con su aliento el peldaño que había logrado subir. Vivía y no se dejaba vivir. Su título era opcional.
Duerme en mis ojos tu prisión
Las cadenas de tu olor
Sigue, por favor
Hasta que no duela el mar
Océano que no puedo cruzar
Que engulla mis lágrimas de sal
El sacrificio de amar
Sigo tus pasos sin pensar
Viste de olvidos y algodón
Este fantasma corazón
Toda la noche por vagar
El mundo en un puño por abrir
No falta más por pedir
Que una noche a esta canción
Sueña despierta nuestra voz
Deja suelto el corazón
Que no sabe donde ir
Y en tu sombra se cegó
Escribo para mí porque solo yo me quiero.
Escribo a oscuras por si acierto con las letras.
Escribo en cuevas del tamaño de un corazón herido.
Escribo gotas de un río que no puedo ser.
Escribo lo que me dejan contar.
Escribo, y todo se vuelve paz.
Escribo con la mirada alta, casi infinita.
Escribo y se duermen las garras que ayer no se dejaban limar.
Escribo cuando tú dejas de pensar.
Escribo el frío que sacudió mi alma tres horas atrás.
Escribo mas no se abren puertas en este solar.
Escribo tumbada los pensamientos que no logran dormir.
Escribo con las manos atadas a esta minúscula luz.
Escribo y se escapan los tiempos que no viviré.
Escribo de dientes adentro para no morder la vida.
Escribo, y duele. ¡Vaya si duele! Pero escribo por fin.