Alborada

Duerme la aurora acurrucada en mi almohada
Me inunda con sus rayos, me ve desmejorada
Llora lágrimas lentas, suaves, esperando la alborada
La beso, me mojo, un sonrojo en mi tez helada

Sigue mi camino de sueños, toda alborotada
Una niña visionaria, una rayuela atolondrada
¿Y si pudiera llevarla conmigo?
Toda la fe que detesto es la que me sirve de abrigo

Ni el Bien ni el Mal me perdonaron no ser sus amigos
La soledad, la gravedad, son siempre mi destino
Días sin luz, noches encendidas iluminan mi castillo
Allá mis vísceras, mis despojos, cuelgan de tu pico

Damisela de rizos, desciende de la noche cabalgadura
Suelta las riendas de la bestia, los hilos de seda, las ataduras
Asómate al espejo de otros ojos, al abismo de las conjeturas
Solo ahí, sobre un manto de margaritas, serás pura

El beso que el pétalo le roba al rocío, excelsa caricia desnuda
Destroza los parámetros volubles, es alquimia que cura
Un alma, dos almas, un millón de almas, lo que abarca el mundo
En su ir y venir entre galaxias perdidas, en su viaje iracundo

¿A dónde vas, muchacha, con las pupilas siempre en lo profundo?
Tu vida se puede quebrar en el espasmo de un segundo
Así que elige un tono de verde con el que tapizar la sombra del muro
Resguardo de tu lecho mortal, huerto de todos los poemas tuyos

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Blu

Blu, blue, azul.
Todas las personas somos colores,
pero solo a algunas les define un color.

Azul es cielo, uno, infinito.
Azul es ausencia de nubes.

El azul cría aves y las sostiene con sus manos de viento.

Azul es arriba y es abajo.
El azul deja brotar lágrimas transparentes
que se coloran en los afortunados recipientes.

Azul es espejo y es mar.
Azul es remolino en un lago de montaña.

Azul es pez que boquea, salta, baila con las ondas.

Azul es espacio y es melodía.
Azul es canción de cuna.

Azul es manto y oración para las almas perdidas.
Azul es vida.

Para Marilena da Rold.

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Caras

Caras que miran caras que miran un muro

Caras en un espejo de baño sin marcas de rouge

Caras planas, caras conectadas a una fuente de luz

Caras que abandonaron mil veces la dieta del amor

Somos caras baratas, desechables, sustituibles

Caras nómadas, vagabundas entre el alma y el cuerpo

Caras sedientas de rostros que las definan

Somos caras y es lo único que nos queda en pie

Caras en mutación, caras en crisis de identidad

Caras sin reconocer, como hijos sin destino

Caras torpes que se volvieron bosque de ciudad

Caras, dobles máscaras

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Venus niña

Amas la niña en mí,
abrazo sincero de fácil sonrojo.
Carrusel de juguete
que parar a tu antojo.

Deseas la puta en mí,
locura de la rutina,
baratija hallada en el zoco,
sustancia de miel y prisas.

Anhelas la madre en mí,
virgen indispuesta y melosa,
azote de las olas ciegas,
Venus dormida bajo la higuera frondosa.

Odias lo tuyo en mí,
espejo convexo y dual,
repetición cacofónica de espacios
siempre libres, nunca igual.

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Alfama

Siempre encuentro las manos que recogen la ropa.
Desafío al vacío, a la desnudez de la calle.
Ventanas sueltas cogidas con pinzas.
Almas reunidas en palomares urbanos.

Mi peso descansa sobre un banco verde
Encadenado al árbol que mira cómo vuelas.
Le encargo a la señora que planche mi melancolía.
No hay paz en estas calles que quiera ser compartida.

Guiño al sol que me levanta la falda.
El mar se eleva, abre sus fauces la luna.
Desgarra el viento las horas y las dudas
De un invierno desencantado que soñó con ser niño.

Lisboa se protege la piel de mosaicos con lluvia.
Brilla sin espejos, se quiebra en silencio.
Regresa a la edad de plata, dormita.
Sufre de amnesia, remonta ríos por inercia.

Encabritados los hombres, reniegan de las mujeres.
Se concentran en manadas, se escudan tras el yugo.
Devoran con avidez los restos de un pasado
Que les encumbró a ciegas a lomos del mundo.

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