Perdón

Hoy quiero pedir perdón.
Perdón por todos los abrazos que llegaron con retraso.
Perdón por esta transparencia de cantos afilados.
Perdón por esconder agujas entre las risas.
Perdón por cargarle un pasado ligero a un futuro precoz.
Perdón por mi falta de humildad y mi maldad acolchada.
Perdón por este sorbete de lágrimas de un solo gusto.
Perdón por amar sin manual de instrucciones.
Perdón por la angustia que sembré en los amaneceres.
Perdón por este cansancio sin fecha de caducidad.
Perdón por tropezar sin haber piedras en el camino.

Pido perdón y me responde el eco.
Y me perdona porque es eterno.
Y me perdono por no ser perfecta.
Y le perdono por ser el mayor de los dones.

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Sueños

Dicen que los sueños no duelen, que duele despertar de ellos.

Cómo explicar que, silenciosos, los sueños me hablan de ti. Me acarician cuando no estás, me erizan, lamen el sudor de la piel que te llora.

Es cuando grito de placer que despierto y los sueños se hacen pequeños, diminutos, dos sombras negras del tamaño de tus pupilas.

Los sueños me ven mutar de niña a mujer y de vuelta al candor. Y yo les guiño mientras hago girar una piruleta en mi boca.

Arremolinados me señalan con su dedo inmortal. Se carcajean y moldean mi carne en jirones de nube.

Me retuerzo porque no estoy sujeta, porque no hay barreras que me guarden de ti, porque puedo merodear de horizonte a horizonte y sé que siempre estarás donde el sol se asoma al precipicio.

Y el principio es el final de cada sueño. La herida abierta. Los rayos de sol. La luna quebrada. La roca calcinada de los malos humores.

Abro los ojos. Sacudo el felpudo del corazón. Entra, pasa, el silencio es tu casa. Canta, aquí no hay ecos. El tempo se paró. La melodía se apea de la sangre.

Pasado o futuro, todo está presente.

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Canción concisa

No nos demos la oportunidad.
No seamos libres de pensar.
No actuemos fuera de los límites de la casa.
No nos carguemos el peso del futuro.

Espaldas dobladas. Mentes monotemáticas.
Pensamientos suicidas. Besos en desbandada.

Seamos viejos de espíritu.
Exploremos todo lo que logramos olvidar.
Juguemos una rayuela que no se borre con la lluvia.
Cataloguemos sonrisas en silencio.

Tú dime quién soy ahora.
Yo te diré lo que no quieres conocer.
No me mires hasta que te cierre los ojos.
Despiértame cuando vengas a vivir en mí.

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De ayer a mañana

Nos gusta hablar en pasado porque el presente nos parece inabarcable. Da tanto miedo mirarle a los ojos. Preferimos regar con lágrimas historias pasadas. Hacemos crecer brotes tan fuertes como puentes a la otra orilla del futuro. El hoy queda abajo, intocable. Un espejo sucio en el que arrojar monedas de fortuna y deseo. Cruces y caras sin luz.

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Un silencio en compañía

Hace muchos años escribí en una hoja que lo que anhelaba en ese momento era un silencio en compañía, no una compañía en silencio.

Las palabras no son proféticas. No se quedan atadas a las venas oprimiendo el riego, no. Las palabras son la sangre, y un cambio de piel no es suficiente para hacerlas desaparecer.

He mudado la piel, he crecido, he estirado la respiración hasta ensanchar los pulmones y encharcarlos de lágrimas. He regalado pedacitos de mí en ofrenda a una compañía que se dejara paladear. Ya no más. El silencio es mi compañía. La soledad no tiene otra salida que salir por patas.

He tendido la mano y han querido leer su futuro en ella. Me he dejado acariciar en una batalla con los elementos y la nube ha sido la única capaz de aferrarme fuerte y elevarme por encima de vientos y pájaros. No hay sonidos para describir la forma en la que me convertí. No hay furia que pueda enmudecer esa suavidad. Adoro este silencio que mueve la boca por mí. Amo esta compañía que se esconde de todos los ojos menos de los míos.

Si me quieres, prepárate a amar a tres.

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