Anestesia global

En estos días revoltosos, juguetones, nos dejamos llevar por la inercia, pero nunca ganamos.
Las trampas están hechas para el que se arriesga a triunfar, no para el justo y ecuánime.
Nos hemos vuelto preciosistas de las imágenes desenfocadas. La claridad nos abruma. Nuestra candidez nos arrulla.
Sabemos dónde está la herida, dónde la sal, dónde el alcohol, dónde la gasa pero, ¿quién dará el primer paso?
No hay cura para la vileza de la ignorancia. Solo dolor y miradas al interior.
Dios nos espera en el fondo del precipicio. ¿Te lanzarás tú el primero?
Esta lucha contra todo es demasiado grande. Rompámonos. Dividámonos. Amemos el dolor hasta anularlo.
Vivamos anestesiados como hasta ahora o despertemos. Muy pronto o muy lejos, pero alertas.

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Hoy no

Hoy no quiero hablar del alma, de ese colchón al que nos aferramos para sentirnos únicos y suaves.
Hoy quiero hablar de la crudeza de la razón, de la impuesta por manos invisibles y de la que nos inventamos para soportar el peso de cada día.
De esa cascada horizontal que quiebra diques de pensamiento a su paso.
De esa metáfora que aún no se ha pronunciado.
Es difícil no rendirse ante su fuerza, como mazazo de viento.
Es hielo que enmudece la sangre.
Es causa y es efecto de nuestras circunstancias.
Voluble, enmascarada y cruel como chirigota de niños.
Hace daño al entrar pero mucho más al salir de nuestra mente.
Es discurso inagotable frente al espejo.
Indispensable cuando pasa de mano en mano.
De sabor acre y amargo en el paladar al probarla titubeantes.
La manosearás, la moldearás, pero nunca la tendrás.
Razón sibilina con corazón de juego.

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