Indolencia

Duéleme en los huesos, no en las lágrimas. El corazón pierde el paso entre dolor y dolor.
Duéleme despacio, que dure hasta la muerte. Expiran las palabras no dichas.
Duéleme en lo profundo de la piel. Donde se desvela el alma al amanecer.
Duéleme mucho, de poquito a poco. El tiempo se hunde en venas movedizas.
Duéleme con los ojos cerrados. Se refleja la noche en las sonrisas.
Duéleme en la raíz del pensamiento. Las ramas al viento no mecen escozor.
Duéleme en la niña que no sabe crecer. Olvida la cara si no llega el querer.

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Adiós, noche

Érase un día que dejó caer su máscara de noche y pesadumbre y nos dejó ver los poderosos rayos de su verdad.

El amor ciega como luz de la mañana reflejada en un cristal.
La luz ama cuando nos acaricia los cuerpos tendidos en sudor.
Seca la sangre que escapa a borbollones de las heridas invisibles.
La común unión de dos cuerpos se consagra en este torpe y mullido altar.
No hay oscuridad que unos ojos abiertos no pueda resquebrajar.
Fibras sensibles sobre bastas urdimbres borrachas de alcohol.
Instrucciones para dejar reposar este amor y volverlo creíble.

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Sin filtro

Fantasma caliente.
Arena en los ojos.
Libro de sal.

Fue esta noche que soplé y el viento se retiró a su morada invernal.
Fue que viví y el castillo de días se desplomó.
Fue que amé y las guerras ondearon su bandera roja de muerte.

Simple como el mar.
Amable como el sol.
Duro como piedra de catástrofe.

Fue un rayo de noche el que me despertó.
Y el fuego primigenio leyó las líneas de mi mano.
Fue porque nací que no me olvido de ser.

Madre lejana.
Acúname.
Padre mío. Perdónate.

Fue el remordimiento el que volcó la paciencia.
Fue un abrazo el que desató las ganas.
Es la misión que incumplo la garantía de no llegar jamás al horizonte.

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Sin hilos

Te veo a lo lejos, tejiendo una imagen de mí.
Estirando y aflojando el hilo de luz de ese ovillo que es cada día que vivimos juntos. Creando una red transparente que une nuestras bocas en un beso infinito.
Me retas a un duelo de despertares.
Haces el día más extenso y la noche te extraña el abrazo.
Eres uno y te quiero porque no podía ser de otra manera. Sigo tu rastro de cometa en el cielo. Te espero en la próxima nube. No hay hilos que te sostengan. No hay cielo que nos soporte.

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Medianoche

Es medianoche y me despierto. Ya no estás. Fuiste un sueño corto, profundo, mas leve cual filo de guadaña.

Es medianoche y ya da igual. Las estrellas brillan más naranjas que nunca. Se escapa una lágrima de su redil.

Es medianoche y vuelvo a la vida. Se ha deshecho el conjuro. Hay que sacar brillo de nuevo a la bola de cristal.

Es medianoche y escribo. Y ya no es medianoche. Es mañana sin amanecer. Es un día sin caricias. Saco un beso del cajón.

Es medianoche en cualquier lugar. Cierro los ojos y tú los abres. Es tu turno. Es tu noche. Era mi medianoche.

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