Foto sin filtro

Amo, no pido a cambio
Aprendo a amar, no pido más

Hay quienes no saben de soledades
De esos lugares ignotos, mares secos
Oasis de calma, nidos de ramas vivas
Almohadas de abrazo de plumas
Ojos entonando escalas de colores

Pido, un amor transparente
Suplico, gente supurando compasión

Hoy cargué las baterías a mis palabras
Desgastadas de tanto repetirse y su eco
Distorsionado llegará a una generación
Nueva de ilusiones, vieja en el amor
Olvidadiza, tal vez enfermiza de visión

Sobran, piezas en este puzzle
Quedan por hacer, fotos sin filtrar

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Nacer

Ella nació en el momento en el que nada tenía sentido. Sus manos desesperadas por caricias manoteaban incansables el aire en rededor. El salitre inundaba todo. Los muros de leche como sus dientes, llenos de palabras y sonidos aun por decir. La música de las hojas despiertas al otro lado de la ventana. Un sol vergonzoso traspasaba el encaje de red de la araña. Primeras visiones que ella no recordará.

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Indolencia

Duéleme en los huesos, no en las lágrimas. El corazón pierde el paso entre dolor y dolor.
Duéleme despacio, que dure hasta la muerte. Expiran las palabras no dichas.
Duéleme en lo profundo de la piel. Donde se desvela el alma al amanecer.
Duéleme mucho, de poquito a poco. El tiempo se hunde en venas movedizas.
Duéleme con los ojos cerrados. Se refleja la noche en las sonrisas.
Duéleme en la raíz del pensamiento. Las ramas al viento no mecen escozor.
Duéleme en la niña que no sabe crecer. Olvida la cara si no llega el querer.

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El niño cebolla

El niño cebolla no hace llorar. Nada de eso. El niño cebolla aprendió a quitarse los abrigos, las mantas, las capas y las sombras que cubrían su alma.

Y aprendió a volar con solo cerrar los ojos. Y vio ciudades crecer, campos fructificar, mares mecerse suavemente con la luna.

El niño cebolla no se traga las palabras sino que las deposita cadenciosamente en la punta de su lengua. Las lame, las besa, las acaricia. Las muerde y ellas solitas se colocan en el orden justo. Es cuando te desarma. Te desvela y te desfiguras.

Se mira en el espejo de unos ojos que le ignoran. Y esa es su lucha. No desvanecerse. Sin encenderse. Sin llorar. Crecer y romper más barreras. Propias y ajenas.

El niño cebolla se ata los cordones de los zapatos a la tierra.

El niño dentro del niño.

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Palabras

Redondas y comprimidas como miga de pan entre mis yemas.

Oscuras y acuosas como tus pupilas al mirarme.

Tiernas y simples como beso al aire.

Livianas como caricia de duermevela.

Profundas como voz quebrada.

Atentas como alarma.

Dichas. Recibidas. Devoradas.

En mí. En ti. En nosotros.

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