Soplo al corazón

Soplo y soplo al corazón,
esperando secar la herida
antes que la lágrima nazca.

Somos nubes por formar,
bailando la danza de las aves
que no planean regresar.

Síntomas de un dorado viejo,
las miradas dudan si soñar
en los tiempos que vendrán.

Cada ojo despierta a su hora,
a la luz de la sabiduría
o al compás de la paz.

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Esperé

Esperé.
Esperé paciente.
Escuché tenaz
tu cuerpo compacto
hablar por horas.

Esperé.
Asumí diligente
el tono mordaz.
La espera de algo,
una boca por soñar.

Esperé.
Me convertí en gente
y no fui capaz
de dar el salto.
Escuchar sin obrar.

Esperé.
Alucinada la mente,
callé contumaz.
Rebeldía en saldo,
un alma sin hogar.

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La mujer del vampiro

Bellos son sus ojos,
y bello el reverso de su piel.

Él lo sabe, conoce bien
cada milímetro de herida.

De noche, solo sangre,
no existe cuerpo ni alma.

La pasión, al amanecer,
se duerme con nanas frías.

Otra vez en la muerte,
el mundo espera su beso.

La mujer del vampiro
desea ser torpe y reír fuerte.

Quiere caer en el sonido
de la luz amable, y morir.

Morir o vivir, da igual,
tan solo mutar en intangible.

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Petanca

Cada cual protege la suya,
la acaricia, la abrillanta,
la soba cual seno de mujer.

La arrojan muy lejos de sí,
pero no la pierden de vista,
en un tira y afloja del alma.

A lo lejos, todas lucen iguales,
baqueteadas, mordisqueadas,
mas cada una es historia única.

Una lleva cruces rojas pintadas,
polos sangrantes en que caer,
otra tres circunferencias cicatriz.

Hay quien se agacha para recogerla,
exhala un «ay» y la cadera cruje, otro
con cordón e imán, invoca la magia.

Llega ya el entretenido empate decisivo,
las distancias se miden y vuelven a medir,
no se permite margen al error ni a la pelea.

Al final se queda sola la bola más pequeña,
la intrusa, la jueza, la deseada y divina esfera.
Que nadie se olvide de ella, pues ella es el juego.

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Viaje

El desorden de los nombres
que no llegaremos a pronunciar.

Una nube se echa a dormir
y se deshace en mentiras.

Las líneas de la mano
llevan trenes de carga y culpa.

Tiempo y espacio chocan,
suceden misterios y milagros.

Todo lo desechado, en el andén.
Algún niño jugará con mis recuerdos.

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