—Dame tu mano.
—No, que está fría.
—Dame tu corazón.
—No, que cesó de latir.
—Dame tu vida.
—No, que está muerta.
—Dame tu aliento.
—No, que hiela los huesos.
—Dame tu luz.
—No, que se escapa por las rendijas.
—Dame tu casa.
—No puedo, ya está en ti.
—Dame tu nombre.
—Toma, es todo para ti, mastícalo despacio. Me llamo Muerte.
—Amo tu nombre.
—Este es el principio. No hay final.
—Dame una respuesta.
—No hay preguntas que me rocen. No me pidas más, solo sé darme.
Etiqueta: roce
Un, dos, tres, colapso
El colapso siempre llega antes de que el diez aparezca en el horizonte. En nuestra boca, en nuestras fuerzas, en el corazón. Somos seres débiles y colapsamos cuando más seguros estamos.
Hay colapsos regresivos que nos impiden llegar a la meta, al uno. A la unión. Al ego. Al yo. Al tú. Al éxtasis.
Los hay disléxicos, danzarines, saltimbanquis, de los que se paran sobre los errores del camino, no atinan con el orden y nos ponen perdida la razón y la lógica. Pero siempre llega, el colapso.
El colapso no sabe bailar pero te lleva bien sujeto de la cintura. Te sacude y cimbrea de lado a lado hasta que caes como ficha de dominó.
Hace falta otro colapso para sacarnos del colapso. Algunos necesitan un terremoto, otros una tormenta, y a otros les basta el roce de una lágrima.
Está dormitando mi colapso. Le echo de menos. Voy a empezar a contar: un, dos, tres…
