Espalda al viento

La cara del viento.
Mi espalda.
La muralla del pelo.
Batalla perdida.
El beso por sorpresa.
Guerra ganada.

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La mirada de Onetti

Dejá de mirar que te miro.
Dejá de susurrar, ventrílocuo feroz.

Las calles presienten tu vuelo,
un tornado de letras al viento.

Ya no te miro más, ta.
Te dejo con tu desnudez de brisa leve.

Así aún, ¿me permitís secar tus ojos?
Dejame llevar tu bruma en mi pañuelo.

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La boca del infierno

La luna le acompaña
cuando cae la tarde.
La naturaleza sufre
el roce de su piel.

El alma se detiene
al borde del acantilado.
No es en esta vida
que se lanzará al mar.

Mientras, las olas gimen
en su sed de cuerpos.
Invocan la tormenta,
el palacio demente.

Las gaviotas en el rojo
rasgan las nubes, picotean.
Recuerdan el falso amor
escondido en las rocas.

Ya asoman las estrellas,
chispas en la noche eterna.
Ya se retiran en desorden
el viento, el mar y la muerte.

La boca del infierno quedó
muda y hambrienta.

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Escritura silenciosa

Llega de un vértice de ti
hasta el centro mismo donde me derramo.

Me escribes, me cantas, me lees
cuando me baño en silencios públicos.

No hay prisa lógica por ser
capitán de unas olas si no escucho el viento.

Junto letras que están vivas
para honrar a los que me dejarán morir.

La sed, el hambre, soy yo,
que cumplo promesas que nadie me pide.

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Conversamos

Volaba leve sobre las baldosas.
Su mano acariciaba el aire dudosa,
rasgaba mudo el aliento del viento.

Cruzamos la esquina a la vez,
un roce de su alma me impulsó a seguir
deprisa con mi vida acelerada.

En silencio me llamó su voz,
un clamor de pupilas en mi espalda
y su cuerpo sobre el pavimento.

Acudí al epicentro de sus ojos,
a la nube verde y azul y ocre,
y hablamos de lo frágil del tiempo.

Conversamos del dolor de la vida
que le ahorramos a quien nos ama.
Conversamos toda una vida en una mirada.

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