Déjame un ruido en la nevera
Que no se caduque nuestra voz
Solo quedan lágrimas en lata
La compra ya no es lo que era
En el lineal se les acabó el amor
Etiqueta: voz
Dispuesta
Dispuesta a encontrar
Me perdí en tu voz
Esa que discurre
Los ríos de tu memoria
Dispuesta a cruzar
Encontré el redil
Verde y azul
De los sueños perdidos
Dispuesta a volar
Quemé las huellas
Sombras de noche
Lumbre azul de galaxias
Dispuesta a empezar
Retorcí el corazón
Vacío y seco ya
Sobre un altar de ánimas
Dispuesta a amar
Jugué a ser niña
Con tiza otra vez
Delinear mis orillas de sal
Revisita
Duerme en mis ojos tu prisión
Las cadenas de tu olor
Sigue, por favor
Hasta que no duela el mar
Océano que no puedo cruzar
Que engulla mis lágrimas de sal
El sacrificio de amar
Sigo tus pasos sin pensar
Viste de olvidos y algodón
Este fantasma corazón
Toda la noche por vagar
El mundo en un puño por abrir
No falta más por pedir
Que una noche a esta canción
Sueña despierta nuestra voz
Deja suelto el corazón
Que no sabe donde ir
Y en tu sombra se cegó
Amigos imaginarios
Los amigos imaginarios saben que calladitos se les quiere más. Ellos escuchan, asienten, cabecean justo en la dirección que nosotros deseamos. Y si tardan en reaccionar, balbucean o desprenden un halo de hastío, saben que peligra su seguridad etérea con un posible transvase a una masa de carne y huesos y sueños en forma de cuerpo mortal.
Los amigos imaginarios se quedaron sin alma el día del reparto universal. Cuando nadie les mira, desatan los cordones de las zapatillas que cuelgan de los cables de la luz y dibujan corazones sobre los cristales de las farolas de la ciudad. No hay candado ni cerradura que no sepan abrir.
Los amigos imaginarios revuelven cajones y colocan esa carta que no quieres releer encima de todas las demás. Odian ser comparados con elfos y duendecillos pues no saben reír. A veces se esconden detrás de perros o gatos cuando quieren dormir caliente. A la mañana siguiente se sacuden los pelos, preferentemente sobre pantalones negros.
Los amigos imaginarios no pagan con monedas ni billetes. Son eternos escapistas pero siempre regresan en el preciso instante en que les pensamos. Nos recuerdan que somos niños y que es bueno jugar mientras el mundo gira velozmente con sus ojos saltones intentando no salirse de las cuencas.
Los amigos imaginarios gritan cuando conseguimos poner la mente en blanco. Patalean y restriegan por toda la alfombra la mermelada de la tostada que olvidamos sobre el filo del plato. Sin alas pero tan etéreos. Sin voz y tan presentes.
Los amigos imaginarios necesitan de tus abrazos para subsistir. Casi tiernos, casi enfermos. Cuídalos. Créalos. Ámalos.
Palabras
Redondas y comprimidas como miga de pan entre mis yemas.
Oscuras y acuosas como tus pupilas al mirarme.
Tiernas y simples como beso al aire.
Livianas como caricia de duermevela.
Profundas como voz quebrada.
Atentas como alarma.
Dichas. Recibidas. Devoradas.
En mí. En ti. En nosotros.
