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Se me olvida que todos tenemos un nombre,
no solo piel y arrugas, no solo voz.
Se me olvida que lo que nos define
son letras pronunciadas en alto.

Me llamo Adolfo,
es nombre de actor,
¿lo sabías?

Se me olvida que rara vez dejamos de actuar,
frente al espejo, frente al amor.
Se me olvida que incluso las nubes
son paisaje portátil de alquiler.

Me llamo Montaña,
es nombre de desafío,
¿te atreves?

Se me olvida que la carne está hecha de roca,
con grietas de sangre y aire puro.
Se me olvida que late el polvo
en las entrañas blancas del hueso.

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Con las ganas intactas de matar

Llegaba a su casa cada día
con las ganas intactas de matar.
Todo lo que había sobrevivido
era rabia, bilis, su veneno fiel.

Las sonrisas nacidas al alba
se habían ahogado en el primer café.
Sin rechistar, sin patalear,
morían sin llegar a resonar.

Las buenas intenciones, una a una,
eran pisoteadas camino al trabajo.
Todos, a su paso, como él,
evitaban mirar lo que destruían.

Mañana haré algo, se dijo.
Miraré a los ojos a quien me ignore.
Viajaré de su pupila a su alma
hasta toparme con su frío.

Y le entregaré estas ganas de matar
para que las congele su indiferencia.
Quedaré libre de pecado, sin la culpa,
por fin, de haber matado mi felicidad.

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No, nada, nadie

Sonríes frente a la pantalla.
Sin alma.
Ya sabes que es solo un muro.
Te miro.
Asciende mi risa y estalla.

Hace semanas que sientes de más.
Y, joder,
no, nadie parece enterarse.
Neblina,
fantasma en el jardín de atrás.

El cielo te roza las pestañas.
No llores.
Hoy tu corazón se paralizó.
Respira.
Quiebra esa defensa mañana.

Si quieres nos desgastamos acá.
Profundo.
En la intersección de vacíos.
Ligeros.
Desbordándonos, locos sin atar.

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La última en irse

Soy la última en irse,
la que mira con ojos de gaviota
la tarde esconderse
bajo un manto de arena y noche.

Peleo con el agua de mar
por ver quién tiene el corazón más frío,
quién el sueño lunar,
quién el vuelo más esquivo y sublime.

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Te libero

Te libero, corazón mío.
Bate al ritmo de las olas,
sonríe a las gaviotas,
adéntrate en lo más frío.

Ya aprendiste suficiente,
suelto los hilos de la cometa,
sube todo lo que puedas
hasta quemarte lentamente.

Aquí yace tu recuerdo,
un altar con tu olor y sueños,
una puerta hecha con ventanas
abiertas a los nuevos vientos.

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