Cae la nieve.
Hojas en blanco que nadie escribirá.
El frío se peina las huellas resecas.
En la noche la tierra busca a tientas
al poeta ciego que escriba su alegría.
Gime la luz.
Cae la nieve.
Hojas en blanco que nadie escribirá.
El frío se peina las huellas resecas.
En la noche la tierra busca a tientas
al poeta ciego que escriba su alegría.
Gime la luz.
Olvidados
en el fondo
de la maleta.
Enrollados
en pliegues
de olvido fiel.
Recordatorio
de un amor
haciendo aguas.
El Dios bufón te espera en la calle,
baja a jugar al escondite,
ya eres mayorcito,
no esperes el permiso de nadie.
Date prisa, pronto va a oscurecer,
Dios no es de confianza,
pero quién lo es.
Amigos fantasma te dejarán ganar.
Así, con las manos juntas en cruz,
las culpas de tus esqueletos
marchitarán la fe
dejando un rastro en el destino.
Ya se escucha la música celestial,
llegó la hora de volar,
de soltar pecados.
Cambiemos las reglas, oremos en pie.
Hace ruido.
Y pincha.
Vive su propia vida.
Te mira de reojo
cuando sacas a pasear tu sombra.
Gira loco.
Y baila.
Desnudo y caliente.
Abraza farolas
que le recuerdan al árbol caído.
Vive dentro.
Respira.
Chorrea cera dulce.
Preparado está
a lamer los amores que no uses.
El demonio espera,
no hace otra cosa que esperar.
Fuma cigarrillos de cristal,
se atusa el pelo,
se deja olisquear.
De una mujer a otra
posa su mirada rancia y milenaria.
La máquina del amor, sin gasolina,
aguarda en el callejón
donde ya nada es.