Terra nullius

He aquí un corazón virgen e inexpugnable.
Una tierra de nadie.
Un pensamiento sin dueño.
Una locura voluble y a la vez estable.
Atrapada en un hilo de aire.
Irrespirable noche sin sueño.

He aquí un vasto territorio por reclamar.
Grieta sin bandera.
Una vida a la intemperie.
Una guerra y un tratado de paz por amar.
Último superviviente sin pareja.
Infinito fabricado en serie.

He aquí un hijo transplantado de raíz.
Telepatía de viento.
Un camino solitario y curioso.
Veredas yermas, horizontes como tapiz.
Serenos los sentimientos.
A la espera de otra vida tras el pozo.

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Hay

Hay una lluvia de sol que no me moja.
Hay un paso que no quiere dejar huella.
Hay un camino que se me aparece en sueños.
Hay una caricia en el alma que quema las yemas.
Hay un segundo sin dueño que no quiere pasar.
Hay una palabra que se crea entre dos bocas.
Hay una sinfonía que pone música a mis miedos.
Hay un dolor que crece en soledad.
Hay un perdón que no quiere arrodillarse.
Hay un abrazo que abarca todo mi universo.
Hay una visión que enarbola tu bandera.
Hay un horizonte que perdió su norte.
Hay un día que sueña ser eterno.
Hay un amor que se hace fuerte al llorar.
Hay una posibilidad que habla con las paredes.
Hay un tú que no piensa en mí.

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A cubierto

Pónganse a cubierto
Los vivos y los muertos
La balanza lleva trucada siglos
Y así seguirá

Seamos livianos, imprescindibles
Hagamos un fuerte sin bandera
Desempolvemos los puños en alto
Del baúl de nuestros ancestros

Pongamos en peligro el horizonte
Despertemos los sueños
Hay que espabilarlos, hacerlos realidad
Azotarlos hasta arrancarles sonrisas

El rescate empieza por nosotros
Quememos las naves y velas
Nademos hasta naufragar lo vil
Surquemos la tierra hasta morir

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Sin filtro

Fantasma caliente.
Arena en los ojos.
Libro de sal.

Fue esta noche que soplé y el viento se retiró a su morada invernal.
Fue que viví y el castillo de días se desplomó.
Fue que amé y las guerras ondearon su bandera roja de muerte.

Simple como el mar.
Amable como el sol.
Duro como piedra de catástrofe.

Fue un rayo de noche el que me despertó.
Y el fuego primigenio leyó las líneas de mi mano.
Fue porque nací que no me olvido de ser.

Madre lejana.
Acúname.
Padre mío. Perdónate.

Fue el remordimiento el que volcó la paciencia.
Fue un abrazo el que desató las ganas.
Es la misión que incumplo la garantía de no llegar jamás al horizonte.

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Sueños

Dicen que los sueños no duelen, que duele despertar de ellos.

Cómo explicar que, silenciosos, los sueños me hablan de ti. Me acarician cuando no estás, me erizan, lamen el sudor de la piel que te llora.

Es cuando grito de placer que despierto y los sueños se hacen pequeños, diminutos, dos sombras negras del tamaño de tus pupilas.

Los sueños me ven mutar de niña a mujer y de vuelta al candor. Y yo les guiño mientras hago girar una piruleta en mi boca.

Arremolinados me señalan con su dedo inmortal. Se carcajean y moldean mi carne en jirones de nube.

Me retuerzo porque no estoy sujeta, porque no hay barreras que me guarden de ti, porque puedo merodear de horizonte a horizonte y sé que siempre estarás donde el sol se asoma al precipicio.

Y el principio es el final de cada sueño. La herida abierta. Los rayos de sol. La luna quebrada. La roca calcinada de los malos humores.

Abro los ojos. Sacudo el felpudo del corazón. Entra, pasa, el silencio es tu casa. Canta, aquí no hay ecos. El tempo se paró. La melodía se apea de la sangre.

Pasado o futuro, todo está presente.

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