Sin vida

Hay más muerte que vida
silbándonos al oído.
Días llenos de sueños,
navegantes de océanos.

Horas pocas, luces tenues
al cerrar el cerebro.
Un camino de diamantes
sin tasar, sin valor.

La desidia nos gobierna
los átomos hinchados.
La rabia no es reciclable,
expira en nuestras yemas.

Seré un nombre sin vida,
testigo de danzas macabras
que se ocultan en la luna
junto a máscaras de piedra.

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Sierra pequeña

Vuelvo a sentarme bajo la mimosa. No queda una sola baldosa entera sobre la que apoyar mi recuerdo humeante.
El anillo de mis meriendas es ahora un nido de hojas. Casa de nadie.
Mi mirada serpentea por el camino hacia la cueva del agua maldita. Ésa en la que osar introducir mi mano consistía el reto del día.
Arañas, lagartijas, abejorros me saludan de regreso a su mundo abandonado.
Paseo mi mano entre los dedos pegajosos de la adelfa. Frente a mí el suelo que ya no riego, el árbol con mi nombre que no quiso crecer.
Del otro lado, el óxido pinta un grafiti abstracto sobre la cal que ya no es blanca.
Las rejas protegen este fortín de memorias de ojos profanos. Invitan a pasar de largo y bordear sus ángulos.
La vida está detrás, entre los olivos de cortezas sagradas. Una pugna por sobrevivir entre piedras y tierra dura.
Un alcornoque destaca cual atalaya silenciosa. Ofrece sus ramas fuertes, de abrazo o columpio.
La muerte trepa por él. La vida desciende de mí. Nos encontraremos en esa nube clara.

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No hay nubes

Porque estás en todas mis ciudades.
Porque cambias todas mis latitudes.
Grita el aire que ya viviste este tiempo.
Se quiebra la piedra que nunca pisaste.

¿No ves que ya me viviste?
¿Aún no sabes cómo amarme?

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Perdón

Hoy quiero pedir perdón.
Perdón por todos los abrazos que llegaron con retraso.
Perdón por esta transparencia de cantos afilados.
Perdón por esconder agujas entre las risas.
Perdón por cargarle un pasado ligero a un futuro precoz.
Perdón por mi falta de humildad y mi maldad acolchada.
Perdón por este sorbete de lágrimas de un solo gusto.
Perdón por amar sin manual de instrucciones.
Perdón por la angustia que sembré en los amaneceres.
Perdón por este cansancio sin fecha de caducidad.
Perdón por tropezar sin haber piedras en el camino.

Pido perdón y me responde el eco.
Y me perdona porque es eterno.
Y me perdono por no ser perfecta.
Y le perdono por ser el mayor de los dones.

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Sin filtro

Fantasma caliente.
Arena en los ojos.
Libro de sal.

Fue esta noche que soplé y el viento se retiró a su morada invernal.
Fue que viví y el castillo de días se desplomó.
Fue que amé y las guerras ondearon su bandera roja de muerte.

Simple como el mar.
Amable como el sol.
Duro como piedra de catástrofe.

Fue un rayo de noche el que me despertó.
Y el fuego primigenio leyó las líneas de mi mano.
Fue porque nací que no me olvido de ser.

Madre lejana.
Acúname.
Padre mío. Perdónate.

Fue el remordimiento el que volcó la paciencia.
Fue un abrazo el que desató las ganas.
Es la misión que incumplo la garantía de no llegar jamás al horizonte.

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