Olvidados
en el fondo
de la maleta.
Enrollados
en pliegues
de olvido fiel.
Recordatorio
de un amor
haciendo aguas.
Olvidados
en el fondo
de la maleta.
Enrollados
en pliegues
de olvido fiel.
Recordatorio
de un amor
haciendo aguas.
El Dios bufón te espera en la calle,
baja a jugar al escondite,
ya eres mayorcito,
no esperes el permiso de nadie.
Date prisa, pronto va a oscurecer,
Dios no es de confianza,
pero quién lo es.
Amigos fantasma te dejarán ganar.
Así, con las manos juntas en cruz,
las culpas de tus esqueletos
marchitarán la fe
dejando un rastro en el destino.
Ya se escucha la música celestial,
llegó la hora de volar,
de soltar pecados.
Cambiemos las reglas, oremos en pie.
Hace ruido.
Y pincha.
Vive su propia vida.
Te mira de reojo
cuando sacas a pasear tu sombra.
Gira loco.
Y baila.
Desnudo y caliente.
Abraza farolas
que le recuerdan al árbol caído.
Vive dentro.
Respira.
Chorrea cera dulce.
Preparado está
a lamer los amores que no uses.
El demonio espera,
no hace otra cosa que esperar.
Fuma cigarrillos de cristal,
se atusa el pelo,
se deja olisquear.
De una mujer a otra
posa su mirada rancia y milenaria.
La máquina del amor, sin gasolina,
aguarda en el callejón
donde ya nada es.
Se me olvida que todos tenemos un nombre,
no solo piel y arrugas, no solo voz.
Se me olvida que lo que nos define
son letras pronunciadas en alto.
Me llamo Adolfo,
es nombre de actor,
¿lo sabías?
Se me olvida que rara vez dejamos de actuar,
frente al espejo, frente al amor.
Se me olvida que incluso las nubes
son paisaje portátil de alquiler.
Me llamo Montaña,
es nombre de desafío,
¿te atreves?
Se me olvida que la carne está hecha de roca,
con grietas de sangre y aire puro.
Se me olvida que late el polvo
en las entrañas blancas del hueso.