La octava vida

Me quedé ahí plantada,
con los ojos cerrados
respirando abandono.

Con dos pasos invisibles
recorrí su historia,
me ahogué en su pena.

Escalones al olvido,
diecisiete paredes,
esqueleto del suspiro.

Un gato dulce sin alma
es ahora su dueño.
Lar de su octava vida.

Cae la mañana húmeda,
recuerda horas tibias,
el postrer giro de llave.

A la ciudad de Porto

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Nube azul

Cielo arriba,
y ahí estoy yo:
boca con alas,
lengua de pájaro.

El sol mira mi
torpe aleteo.
Cabeza gacha,
oración en tierra.

No hay sombra
cruzando mi vuelo.
Nunca tan alto
llegará la nube.

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Solo quiero caminar

Solo quiero caminar
hacia el mar de nubes blancas.

Solo quiero respirar
el oxígeno de tus canciones.

Solo quiero proteger
el afecto de los incomprendidos.

Y si el beso quema,
ungiré aceite con sal en mis venas.
Pues no hay vida
sin amor que al alma no duela.

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Me declaro Eva

Me declaro Eva,
culpable de mi herencia,
poco más que un cliché velado.

En busca del cielo
abro los ojos de noche,
alas heridas en pleno vuelo.

Viaja la poesía
veloz cual enamorado,
a su paso jirones de tierra.

Deseo de amnesia,
historia en blanco de mí.
No más lágrimas sin comandante.

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Rojo por besar

Ella esperaba la muerte
de aquella barra de bar.

Él traía el rojo carmín
de otros labios por besar.

Despojados de dueños,
dos almas a negociar.

La luz de sal abrazaba
sus miedos y felicidad.

Esclavos de sus manos,
la luna quisieron tocar.

Quién paga, quién cobra,
quién sufre al no amar.

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