Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Insomnio

No puedo dormir.
Es triste, pero no puedo dormir.
El mundo afuera vibra, y bebe.
Y yo aquí dentro, buscando el principio del fin.

No puedo dormir.
Insomnio ya, unas nubes roncan
Sobre mí a toda velocidad.
La tinta corre y deshace los sueños que no serán.

No puedo dormir.
Duele tanta consciencia.
Duele que me falta demencia,
Una excusa por inventar para llevar a urgencias el corazón.

No puedo dormir.
Soy transparente y engaño
A la noche, a las sombras, al yo,
Al sol que me negó su voluntad de calor, y de frío me hirió.

No puedo dormir.
Soy básica, universal,
Mujer soñadora de piel.
Esperaré a que todos seamos translúcidos, esperaré al día llegar.

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El lado oscuro

El lado oscuro del corazón
Ve crecer las sombras sin ti.

El lado oscuro de la razón
Te ama a ciegas, destila brea.

El lado oscuro de Madrid
Te envidia el sueño bajo los puentes.

El lado oscuro de mí eres tú,
Ave de paso a contracorriente de la bandada.

El lado oscuro de ti soy yo,
Duda caída del nido, silencio y emoción.

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Parque

En el bosque civilizado,
un laberinto resuelto,
un cielo a la descubierta.

Trepan las hojas a las copas
vacías de significado, vulgares
sombras a media jornada.

Tierra yerma entre árboles
con fecha de caducidad.
Raíces a prueba de niños.

Y sigilosa la humedad
estática de los columpios
y toboganes viejos de felicidad.

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Pudor de alma

Hace tiempo que somos extraños en nuestra piel. El alma navega en sudor y desata todos los lazos del universo. Cerramos los ojos para tocarnos mejor las sombras. Y nos hundimos en las alturas del placer.

Los ojos, si siempre abiertos, se cansan de tantas luces tristes y mezquinas.

Mientras haya un huracán, dejemos abierto el corazón sobre la punta de la lengua. La verdad tiene un sabor amargo, a sangre, amante. Será mejor que nos asomemos al mundo con la mirada táctil de un niño.

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