Terra nullius

He aquí un corazón virgen e inexpugnable.
Una tierra de nadie.
Un pensamiento sin dueño.
Una locura voluble y a la vez estable.
Atrapada en un hilo de aire.
Irrespirable noche sin sueño.

He aquí un vasto territorio por reclamar.
Grieta sin bandera.
Una vida a la intemperie.
Una guerra y un tratado de paz por amar.
Último superviviente sin pareja.
Infinito fabricado en serie.

He aquí un hijo transplantado de raíz.
Telepatía de viento.
Un camino solitario y curioso.
Veredas yermas, horizontes como tapiz.
Serenos los sentimientos.
A la espera de otra vida tras el pozo.

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De todas las vidas

De todas las vidas que puedo elegir, me quedo con ésta que me deja en coma.
Si la vivo, me vuelve inútil.
Si la saboreo, me amodorra.
Si la estiro, me golpea en la cara.
De todos los despertares, elijo éste en el que no consigo abrir los ojos.

Y me quedo dentro. Suave. Oscura. Sin temor. Tan acompañada. Líquida. Sin meta. Imparable.

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Brillo impuro

Déjame esa nube de postre.
Algodón dulce puro.

Escúchame entre el enjambre.
Miel y piel y jugo.

Báñame antes del desastre.
Río sin fin oscuro.

Límame el alma, dale lustre.
Hoja de brillo impuro.

Escríbeme desde el hombre.
Franco, invisible, uno.

Vuela y salta sobre mi lumbre.
Consuelo del muro.

Olvida la guerra y el hambre.
Ya no queda mundo.

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Presencia

Él juraba y perjuraba que se hallaba presente.
Que una gruesa y blanca capa de piel cubría su carne.

Yo solo veía muros, castillos de sábanas ondeantes y dolor, mucho dolor.
Demasiado dolor. Más del que podía contener su risa abierta.

Tócame, hazme presente, dijo.
Desenreda estas hojas de angustia de mis rizos, susurró.
Que no te ciegue la indiferencia, suplicó.

Dije que no con mi cabeza mientras le sonreía.
Y le canté la nana que cada madre nos regala al nacer.

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Razón de parecer

Parece que el viento no quiere habitar este cuarto.
Evita rozar mi piel y mover mi ánimo.
Rodea las esquinas abiertas de esta morada.
Pulula y bate sus alas invisibles.
A quién contará los secretos que conoce.

Parece que el agua no quiere calar estos muros.
Besa los diques, unos ojos de mimo.
Discurre sobre el erial bañándolo de mañana.
Piensa y se secan las orillas tristes.
Y cómo aliviará la sed del que corrompe.

Parece que el fuego no quiere purificar mi mundo.
Vicia las partículas, átomos sin ritmo.
Recorre las distancias que separan nuestras almas.
Quema el destino la piel que persigue.
Cuándo renacerá el niño en la trampa hombre.

Parece que nada quiere ser hoy.
Parece que todo es coartada y fin.

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