Delicada mente

Imagino tus manos
grandes y suaves
como madera recién pulida.

Los nudos en tu alma
desatan bajas pasiones,
pájaros anidan en tus melodías.

Una escalera de hiedra
me eleva hasta tu nube,
un cobertizo de sol y estrellas.

Tu voz húmeda de lodo
se aferra a la tierra,
salvaje caballo blanco doblegado.

A Nick Drake

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Duele

Una niña,
una vida que se aferra
a la mano de su madre.

Mientras,
otra vida se desprende
de las sábanas blancas.

Lágrimas
empañan la cortina,
besa las gasas su tristeza.

Duele despedirse,
duele el olor a adiós,
duele la ciudad en pausa,
duele la vida sin control
que llega y te abraza,
te suelta y se ríe,
duele porque te toca
aunque no sea tu hora.

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La mujer del vampiro

Bellos son sus ojos,
y bello el reverso de su piel.

Él lo sabe, conoce bien
cada milímetro de herida.

De noche, solo sangre,
no existe cuerpo ni alma.

La pasión, al amanecer,
se duerme con nanas frías.

Otra vez en la muerte,
el mundo espera su beso.

La mujer del vampiro
desea ser torpe y reír fuerte.

Quiere caer en el sonido
de la luz amable, y morir.

Morir o vivir, da igual,
tan solo mutar en intangible.

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Petanca

Cada cual protege la suya,
la acaricia, la abrillanta,
la soba cual seno de mujer.

La arrojan muy lejos de sí,
pero no la pierden de vista,
en un tira y afloja del alma.

A lo lejos, todas lucen iguales,
baqueteadas, mordisqueadas,
mas cada una es historia única.

Una lleva cruces rojas pintadas,
polos sangrantes en que caer,
otra tres circunferencias cicatriz.

Hay quien se agacha para recogerla,
exhala un «ay» y la cadera cruje, otro
con cordón e imán, invoca la magia.

Llega ya el entretenido empate decisivo,
las distancias se miden y vuelven a medir,
no se permite margen al error ni a la pelea.

Al final se queda sola la bola más pequeña,
la intrusa, la jueza, la deseada y divina esfera.
Que nadie se olvide de ella, pues ella es el juego.

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En la playa

Llevan ya dos horas,
toalla con toalla,
un silencio enorme de mar.
Sin rozarse los cuerpos.

Él se gira, la mira,
guarda su pesar
junto a la crema solar.
Ella ignora las gaviotas.

Por fin ella habla,
las gafas de sol asienten
y él deja una piedra
sobre el ombligo de ella.

Sonríen.

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