Hoy una nube me cambió de forma
Me iluminó de amarillos y naranjas las pupilas
Encendió mis farolas y apagó el atardecer
Hoy mi savia corre más lenta
Me crecieron ramas en las raíces y
La navaja escribió sobre mi piel: «eres un cielo»
Hoy la muerte me dijo «tenemos que hablar»
Escupió un falsete sobre mi corazón olvidado
En un baúl de memorias, panteón de dolor
Hoy los galgos inflaron sus costillas
Orgullosos de oler nubes mandarina
Tesoro de polizones de esta hundida ciudad