Medianoche

Es medianoche y me despierto. Ya no estás. Fuiste un sueño corto, profundo, mas leve cual filo de guadaña.

Es medianoche y ya da igual. Las estrellas brillan más naranjas que nunca. Se escapa una lágrima de su redil.

Es medianoche y vuelvo a la vida. Se ha deshecho el conjuro. Hay que sacar brillo de nuevo a la bola de cristal.

Es medianoche y escribo. Y ya no es medianoche. Es mañana sin amanecer. Es un día sin caricias. Saco un beso del cajón.

Es medianoche en cualquier lugar. Cierro los ojos y tú los abres. Es tu turno. Es tu noche. Era mi medianoche.

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Palabras

Redondas y comprimidas como miga de pan entre mis yemas.

Oscuras y acuosas como tus pupilas al mirarme.

Tiernas y simples como beso al aire.

Livianas como caricia de duermevela.

Profundas como voz quebrada.

Atentas como alarma.

Dichas. Recibidas. Devoradas.

En mí. En ti. En nosotros.

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Sinécdoque

Que levanten la mirada los tímidos.
Que paren de hablar los cínicos.
Que se bajen los que ya llegaron a la cima.
Que amen los que aprendieron a pestañear.
Que silben los que hierven la sangre.
Que se mueran los fantasmas.
Que me callen con un beso.
Que canten los latidos y sus pausas.
Que sean felices los días sin noches.
Que me nublen la mirada los que lloran.
Que pesquen sueños de mis venas.
Que sean los que no están.
Que me abran de un portazo.
Que salga volando esta soledad.
Que me desveles con un abrazo de cenizas.
Que me muerdas los porqués.
Que descansen los sofás.
Que me pierdas y te encuentres.
Que sí porque no existen los quizás.
Que me dejen un yo nuevo sobre la mesilla.
Que respiren hasta que los pulmones se encharquen.
Que ya porque no serás tú.

Tan poco tú.

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