La piel de la nube

Hoy una nube me cambió de forma
Me iluminó de amarillos y naranjas las pupilas
Encendió mis farolas y apagó el atardecer

Hoy mi savia corre más lenta
Me crecieron ramas en las raíces y
La navaja escribió sobre mi piel: «eres un cielo»

Hoy la muerte me dijo «tenemos que hablar»
Escupió un falsete sobre mi corazón olvidado
En un baúl de memorias, panteón de dolor

Hoy los galgos inflaron sus costillas
Orgullosos de oler nubes mandarina
Tesoro de polizones de esta hundida ciudad

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Terra nullius

He aquí un corazón virgen e inexpugnable.
Una tierra de nadie.
Un pensamiento sin dueño.
Una locura voluble y a la vez estable.
Atrapada en un hilo de aire.
Irrespirable noche sin sueño.

He aquí un vasto territorio por reclamar.
Grieta sin bandera.
Una vida a la intemperie.
Una guerra y un tratado de paz por amar.
Último superviviente sin pareja.
Infinito fabricado en serie.

He aquí un hijo transplantado de raíz.
Telepatía de viento.
Un camino solitario y curioso.
Veredas yermas, horizontes como tapiz.
Serenos los sentimientos.
A la espera de otra vida tras el pozo.

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Magia

Tú y yo creamos magia.
Hacemos desaparecer el mundo a nuestro alrededor. Abrimos las ventanas del alma cuando hace frío. Murmuramos nuestros nombres cuando la multitud grita. Nos perdemos en esta ciudad y naufragamos con sigilo. Anudamos las manos a nubes que escapan.
Cegamos los pozos con nuestras risas. Reverdecemos el desierto con nuestro sudor. Nos deleitamos en las horas que el resto engulle y escupe. Escondemos el odio en el pliegue de los sexos. Inventamos un asilo para las caricias abandonadas.
Nos equivocamos y borramos las yemas de los dedos. Pintamos una sonrisa arcoíris sobre los funcionarios sombríos. Nos enamoramos de la unión del día con la noche que nos atraviesa la piel. Nos besamos el corazón y despavorida la envidia huye.
Tú y yo somos magia.

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Pudor de alma

Hace tiempo que somos extraños en nuestra piel. El alma navega en sudor y desata todos los lazos del universo. Cerramos los ojos para tocarnos mejor las sombras. Y nos hundimos en las alturas del placer.

Los ojos, si siempre abiertos, se cansan de tantas luces tristes y mezquinas.

Mientras haya un huracán, dejemos abierto el corazón sobre la punta de la lengua. La verdad tiene un sabor amargo, a sangre, amante. Será mejor que nos asomemos al mundo con la mirada táctil de un niño.

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Era el árbol más bonito de toda la montaña

Era el árbol más bonito de toda la montaña.
El más inquieto en su reposo.
El más robusto en su debilidad.
El más humilde en su sabiduría.
El más delicioso en su paraíso.
El más libre en sus raíces.
El más antiguo en su inocencia.
El más frondoso en su desnudez.
El más suave en su coraza.
El más alto en su mocedad.
El más brillante en su sombra.
El más huracanado en su respirar.
El más liviano en su ramaje.
El más auténtico en su mentira.
El más anárquico en su ecosistema.
El más ateo en su sacralidad.
El más recto en su declinar.
El más excéntrico en su perfección.
El más hospitalario en su nido.
El más líquido en su corazón.

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