Oscuras mañanas

Miro el silencio a los ojos
Gana seguro
Siempre pestañeo palabras.

Quiero hablarle de vos
De tu nube
Los paisajes que muestras.

Sueño de rostros abiertos
Sonrisa fácil
Puño enamorado a rastras.

Recuerdo un vacío de poros
Abrazo partido
Una piel para cada acera.

Mato el yo que duerme solo
Forma confusa
Melaza de oscuras mañanas.

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En el filo

Una sonrisa no basta para evitar el desencanto
Dibujos en el aire cargado de humo y carmín
El ensueño de saberse libres solo dentro
Las máscaras poliédricas de la ceguera.

Gime más fuerte, vida, hasta el orgasmo
Que se escandalicen los vecinos enfrente
Desgarra las cortinas de luz triste
Derrota las pequeñas muertes cada vida soñada.

En cada puerto dejamos una victoria
En cada gemido olvidamos lo que no seremos
Unos pájaros en busca de nubes azules
Espejismos de aire en caída libre.

Ya nos corta el filo del abismo la córnea
Funambulismos visuales, refranes ópticos
Perjurios de la rabia incandescente
Subidas y bajadas en mareos exquisitos.

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Magia

Tú y yo creamos magia.
Hacemos desaparecer el mundo a nuestro alrededor. Abrimos las ventanas del alma cuando hace frío. Murmuramos nuestros nombres cuando la multitud grita. Nos perdemos en esta ciudad y naufragamos con sigilo. Anudamos las manos a nubes que escapan.
Cegamos los pozos con nuestras risas. Reverdecemos el desierto con nuestro sudor. Nos deleitamos en las horas que el resto engulle y escupe. Escondemos el odio en el pliegue de los sexos. Inventamos un asilo para las caricias abandonadas.
Nos equivocamos y borramos las yemas de los dedos. Pintamos una sonrisa arcoíris sobre los funcionarios sombríos. Nos enamoramos de la unión del día con la noche que nos atraviesa la piel. Nos besamos el corazón y despavorida la envidia huye.
Tú y yo somos magia.

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Presencia

Él juraba y perjuraba que se hallaba presente.
Que una gruesa y blanca capa de piel cubría su carne.

Yo solo veía muros, castillos de sábanas ondeantes y dolor, mucho dolor.
Demasiado dolor. Más del que podía contener su risa abierta.

Tócame, hazme presente, dijo.
Desenreda estas hojas de angustia de mis rizos, susurró.
Que no te ciegue la indiferencia, suplicó.

Dije que no con mi cabeza mientras le sonreía.
Y le canté la nana que cada madre nos regala al nacer.

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