Mi único recuerdo de la guerra fue…

Mi único recuerdo de la guerra fue la muerte de mi hermano.

No serían más de las doce del mediodía, y el llanto de mi hermano recién nacido resonaba en las cortezas del alcornocal. Superaban los gritos de mi madre entre los muros de la casa. Todo era posible, la vida o la muerte; y la comadrona ladeó la cabeza. Sí, yo lo vi, fue un leve no.

Una vez enjuagada la sangre, pude abrazar por primera y última vez esa carne tan blanca, tan blanda y tan extraña. El sol me cegaba cuando quise escapar del dolor de su visión. Ya nunca más temería la muerte. La guerra fue solo un giro de cabeza.

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Como si no

Voy a pensar en ti
como si aun no existieras,
transparente y puro,
amable e increíble.

Las horas pasarán
y te deslizarás en mis dedos
cual llovizna otoñal,
sagrada y fresca.

Eres mi vida ciega,
el amor que todo traspasa,
un cruce de almas
en la encrucijada.

En la hora dudosa,
volverás a crear en mí el sol,
como brisa que acaricia
la primera brizna.

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Juego de sábanas

A la deriva somos olas blancas,
ante el inmenso mar de una mirada,
bajo el roce leve de tu carne seda.

Cabe tu beso se encuentra la pasión,
con las manos te templo el alma,
contra el tiempo pierdo mi sexo.

De nuevo soy reflejo de tus lágrimas,
desde el balcón de tu pelo caigo
en la marea furiosa de un abrazo.

Entre sábanas empezamos el camino
hacia nuevas tierras indómitas,
hasta un horizonte de piel plena.

Para nosotros será siempre un juego,
por la risa, por la vida, por la muerte,
según un evangelio pisoteado.

Sin duda somos aprendices de sombras,
so pena que la noche nos alcance
sobre las ascuas del día, aún bailando.

Tras el alma me postro como sed en llamas.

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Buscando la sonrisa

Llevo días buscando la sonrisa.
Entre las sábanas restos de sexo fresco,
las tragedias urbanas sobre la brisa mojada.

Desclavo de la pared mis pupilas,
cuelgo mi futuro justo ahí, ardiendo,
para que ningún ladrón ose jamás llevárselo.

Camino abajo y arriba y
el rumbo es mi sabia, tosca indecisión.
Nadie sigue a una loca que sabe donde va.

Entre adoquines, flores marchitas,
con polen seco estornudaré ahoras
que serán pasado en cuanto gire y me pierda.

El espejo vocea: «¡Ven, deprisa!
Encontré la sonrisa, tu risa, tu vida.
Asómate. Abre tu mano, acepta el regalo.»

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Hechos

Hechos, dadme palabras.
Estoy sola ante vosotros,
dueños de vuestro destino y del mío.

Salida, muéstrame tu puerta.
Traigo el alma cansada
de merodear esta casa sin ventanas.

Viento, invítame a tu hogar.
Llevo alas inmaculadas,
amantes del sol y de la lluvia nuevas.

Navegante, súrcame la vida.
Abandono un silencio atroz
en cada puerto que no me ilumina.

Luna, escóndeme tu verdad.
Cubro mi melena de agua,
me agita cada mirada de mariposa.

En cada fractura, una cima.
En toda alma, la unión.
Hombre y mujer y rosa y espina viva.

Para Arturo Murguia.

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